Mi primer sello en el pasaporte no fue en Estados Unidos. Fue en Irak.

Soy Alfredo Jaime Capetillo.
Muchas personas me preguntan cómo comenzó mi historia de viajes por el mundo. Y mi respuesta siempre sorprende:
Mi primer sello en el pasaporte no fue en Estados Unidos. Fue en Irak, en 1980.
Tenía poco más de 23 años cuando tuve la oportunidad de viajar a Medio Oriente para trabajar en una acería en Irak. Hasta entonces, viajar al otro lado del mundo era algo que para mí parecía lejano e incluso difícil de imaginar.
Todo comenzó en Monterrey, México, donde recibí entrenamiento especializado en una fundidora. Después vino el gran salto: pasar de una planta en Monterrey a una acería ubicada en pleno Medio Oriente.
Recuerdo perfectamente el momento en que bajé del avión en Bagdad.
El calor era impresionante. Cerca de 50 grados centígrados, una sequedad que parecía absorber todo a tu alrededor y ese olor particular del desierto que nunca había experimentado.
Sentí que acababa de entrar a otro mundo.
Para un joven de poco más de 23 años, aquella experiencia podía parecer una aventura… o una verdadera pesadilla. Pero con el tiempo entendí que estaba viviendo una de las experiencias que más marcarían mi vida.
En la acería no solamente aprendí sobre procesos, equipos y producción. Aprendí algo mucho más importante: a trabajar con personas de otra cultura, a adaptarme a circunstancias completamente diferentes y a enfrentar retos que estaban muy lejos de todo lo que conocía.
Aprendí a convivir con iraquíes, a conocer sus costumbres, a tomar té en medio de temperaturas de 50 grados y, sobre todo, a entender una cultura desde adentro y no como un simple turista.
Meses después comenzó la guerra entre Irán e Irak y nuestra estancia tuvo que terminar. Tuvimos que salir del país.
Pero yo no salí de Irak siendo la misma persona que había llegado.
Aquella experiencia me dejó una certeza que me acompañaría durante toda mi vida profesional:
Si podía trabajar en una acería en Irak con poco más de 23 años, podía enfrentar prácticamente cualquier reto que se atravesara en mi camino.
Y así fue.
Esa primera experiencia abrió una puerta que nunca más se cerró.
Después vinieron muchos otros viajes, otros países, otras culturas y otras historias. Lo que comenzó con aquel primer sello en mi pasaporte terminó llevándome a recorrer 40 países y a vivir experiencias que jamás imaginé cuando salí de Monterrey rumbo a Bagdad.
En este blog quiero contar esa historia.
Quiero regresar a aquellos años, compartir las experiencias que viví, las personas que conocí, los retos que enfrenté y las lecciones que cada viaje me dejó.
También quiero buscar y compartir las fotografías de aquella época, si logro encontrarlas, porque algunas historias merecen ser contadas no solamente con palabras, sino también con imágenes
Esta es la historia de cómo un joven que salió de Monterrey para trabajar en una acería en Irak terminó recorriendo el mundo.
Y todo comenzó con un sello.
El primer sello de mi pasaporte: Irak, 1980.